Estamos hartos de oír a almas cándidas y generosas afirmar que el comunismo, el socialismo o cualquier otra ideología colectivista es buena, es ideal, y que los malos somos los humanos porque, malvados nosotros, somos incapaces de ejecutarla sin corrompernos. ¡Desgracia!
Pero lo cierto es que el hecho de que en una sociedad se piense mayoritariamente que el malo es el individuo y lo deseable es aquella ideología que proclama nuestra servidumbre y que nos hace entregar nuestra voluntad y libertad a ese ente maravilloso que es el Estado, demuestra que es una sociedad, no sólo podrida, sino además ignorante.
Y es muy sencillo. El colectivismo social conduce a la tiranía. Y el colectivismo económico conduce a la ruina. En Europa tenemos ejemplos de sobra para ambos casos. Pero nos empeñamos en glorificar a tipos cuyas teorías proclaman la entrega de nuestra capacidad de decidir a un puñado de burócratas, aunque se demuestren fallidas, y en postergar a aquellos que defienden la libertad del individuo. Cuestión de comodidad, supongo.
Así, es habitual que en cualquier discusión acerca de la situación económica pasada, presente y futura, encontremos a multitud de tipos que no saben ni dónde tienen la mano izquierda citándonos a Keynes y sus absurdas políticas de despilfarro como la auténtica panacea, mientras que si les hablas de un tal Hayek, piensan que les estás hablando del padre de Salma. O algo peor.
Por ello, para todos aquellos que, enfangados en la corrección política de una sociedad cuyo modelo ha fracasado notablemente, y que creen que no hay nada más allá del intervencionismo estatal para que unos cuantos salvapatrias nos solucionen la vida a todos, adjunto este brillante vídeo acerca de la auténtica batalla económica que se ha librado en las últimas décadas y que, de momento y para nuestra desgracia, se está saldando con la victoria del colectivismo y el olvido flagrante del liberalismo.
Habrá que cambiarlo, ¿no?